28 feb. 2017

El Capitán 2. (Extensa.)

Título: El Capitán.2 (Versión Extensa.)
Banda: Tokio Hotel
Parejas: Bill-Tom. Tom-Original Femenino. Bill-Original femenino.
Género: Angustia. Drama. Slash. Lemon. Lime. Incesto no relacionado. MPreg. Primera Vez. Romance.
Categoría: Slash/ Hetero
Completo: No. (En Progreso.)
Advertencias: Contenido Adulto. Abuso. BDSM. Bondage. BotBill. Humillación. Shota. Uso de drogas. Violación. Violencia.
Clasificación:Fiction Rated M (16+)









RESUMEN:



Bill y Tom se conocen de una manera poco usual.
El destino unió sus caminos pero algunos hechos desafortunados le mostrarán que nada es como parece ser detrás de aquellos ojos color café.
Bill se enamora ciegamente. No obstante, sucesos desafortunados logran que abra los ojos. Entre la confusión y la desilución, Bill toma el camino equivocado para su vida, logrando huir de un futuro incierto.
  Después de un tiempo, Bill y Tom se reencuentran y viven la más apasionada aventura. Sus caminos se vuelven a unir, pero llegará una tercera persona a sus vidas, quizás para separarlos.
¿Lo logrará?






Narra Bill:



Sus dedos recorrían mi piel, al cabo de un segundo me sentí atraído hacia aquellos labios tan tentadores que me quitaban el sueño. Mi pulso se aceleró cuando mi mirada se centró en sus ojos.



Tragué en seco imaginando lo peor, desde ya no entendía el cómo hacía para cambiar de ánimo de un segundo a otro. Mi corazón comenzó a palpitar rápidamente, él me había tomado de los hombros y me había estampillado contra la pared. El miedo que sentía tomaba cada fibra de mi ser.



-¿Quién era ése desgraciado en el teléfono?-



Me cuestionó y al instante comencé a sentir pánico. Mis manos, tanto como mi cuerpo comenzaron a temblar ligeramente, sus ojos estaban colmados de odio o así parecía.



-¡Bill! ¡Te hice una pregunta!-



Exclamó en tono enfadado y me tomó del mentón con una de sus manos, apretándolo con fuerza. Me tomó con tal fuerza que comencé a sentir cómo las lagrimas caían por mi mejilla, sin darme cuenta. Esto se estaba tornando cada vez más terrorífico para mí, ya que a penas recordaba lo sucedido el día el accidente. Con sólo ver que su estado de ánimo había cambiado en cuanto había cruzado la puerta de aquél hotel, lo único que pensaba era que debía hacer memoria rápidamente. Pero es que.. ¿Acaso recordaba algo?



-¡No puedo recordar absolutamente nada!-



Insistí, ya que no sabía que había sucedido antes.



-Bill! ¡No soy ningún idiota!-



Dijo claramente, se le notaba la furia que llevaba encima. Temblé de miedo, quitando las lágrimas que caían sin poder detenerse.



-¡No me presiones!-



Me quejé desafiándolo. Sentía mi cabeza doler con cada palabra, ya que estaba hablándome en tono alto. Me miró fijamente y se alejó de mí. Hizo alguna seña para que continúe hablando. Miré al piso e hice una pausa.



-Ah..es..yo no estaba ahí porque quería, recuerdo que alguien m-me detuvo.-



Tartamudeé por cómo me miraba. Enseguida entendió y tomé otra pausa en cuanto lo ví que traía una silla para sentarse en frente mio.



-Y-yo.. Había salido a dar una vuelta, quería comprar helado y después ..-



Me quedé en blanco, estaba relatando quizás el día en que había sucedido todo sin que él me presionara. Tom se paró de la silla, ahora estaba caminando de un lado a otro como lo había hecho aquella vez en el callejón.



-¿Y qué pasó?-



Me preguntó demasiado molesto.



-M-Me habían llamado p-por teléfono. Pero.. decidí ir a la casa de un amigo.-



-¿Que clase de amigo?-



Interrumpió al instante y se paró a centímetros de mi rostro. Se me puso enfrente y comencé a tartamudear otra vez.



-N-no no puedo recordar, sé que discutimos y.. después de aquello, todo se me esfuma.-



Dije y sentí cómo su mirada cambiaba nuevamente. Ahora se sentía más molesto.



-¿Quién era el desgraciado que me dijo que te dejara?-



Reclamó enfurecido sin despegarse de mí. Mi pulso comenzó a acelerarse y terminé sintiendo las lágrimas caer, otra vez, una detrás de otra. Me lo pensé bien. No era fácil recordar ése tipo de sucesos.



-¡Quiero saber! Ahora!-



Dijo casi gritándome y golpeó con brutalidad su puño contra la pared, casi cerca de mi cuello. Aquél impacto sólo me causó cerrar los ojos de golpe.



-¡No lo recuerdo! E-Espera, espera. Su cabello.. su cabello era de un color rojizo.-



De repente dí con toda clase de recuerdos relacionados a aquella persona.



-Quiero nombres.-



Interrumpió otra vez y me tomó del mentón, hablándome en un murmuro.



-Discutimos, y me enojé con él por lo que te dijo.-



Hablé sintiendo el terror apoderarse de mi cuerpo, las lágrimas no paraban. Él se alejó de mí y se acarició su cabello hacia atrás.



-Quiero su nombre, maldita sea.-



Se me plantó mas cerca de lo que parecía. Mordí mi labio. Tom estaba impaciente.



-S-su nombre..es.. Dereck.-



Entrecerró los ojos al darle un nombre, me miró de arriba hacia abajo, alejadose de mí. De repente el Tom psicópata había desaparecido. Me abrazó de repente, luego de que mis lágrimas bajaran en constancia, no podía pensar en lo mejor,sino en lo peor, estando al lado de Tom.



-Me las va a pagar muy caro.-



Exclamó con odio, en mi oído. Me deshice entre sus brazos, con sólo tenerlo otra vez, ya me sentía feliz.



-Y no llores, no seas idiota.-



Habló de repente alejándose a pocos centímetros para mirarme y se le notó una sonrisa. Me quitó las lagrimas con sus dedos y me besó muy despacio. Sus cálidos labios me llevaron otra vez a la perdición. Recorrió con sus manos mi piel, se deshizo de la playera que llevaba, me ruboricé al mirarlo. El beso se estaba tornando desesperado, con nuestras lenguas chocando con insistencia, me sentí preso de sus manos. Me acaricio por debajo de la ropa, solté un gemido agudo al notar que sus manos se posicionaban allí mismo haciendo la presión exacta, dándome placer.



Pero al parecer no era todo como parecía ser. Me apretó mi miembro, al instante me retorcí de dolor por aquél inesperado segundo.



-¡Duele! ¡Joder!-



Me quejé al instante y me puso sus labios cerca de mi oído.



-Que no me entere que ése malnacido te tocó.-



Habló molesto. Su susurro me estremeció.



De repente se escucha la puerta, o alguien detrás de ella llamando, su voz me resultaba familiar. ¿Acaso quién era?







Narra Tom:



Días sin saber de él, sólo enviándonos textos o llamándonos, hoy era el día en que por fin vendría.



Recorrí mis dedos por su mejilla al tenerlo en frente de mí y luego de intentar apreciar aquella belleza intenté besarlo. Pero no fué así. Bill debía ponerme las cosas claras si quería seguir viéndome. No quería que nadie me vea la cara de imbécil.



Lo tomé de los hombros, arrinconándolo contra la pared, imposibilitando su huida.



-¿Quién era ése desgraciado en el teléfono? ¡Bill! ¡Te hice una pregunta!



Noté cómo el rubio estaba entrando en pánico pero aquello no me importaba.



Le tomé del rostro para mirarlo fijamente. ¿Acaso sabía cuando mentía o no? ¡No lo sabía! asi que debía poner un poco de presión para que hablara de alguna manera.



-¡No puedo recordar absolutamente nada!-



Dijo el muy imbécil. No quería que evitara la pregunta así que traté de darle menos importancia cuando lo veía llorar. No me importaba en absoluto como se sentía.



-Bill! ¡No soy ningún idiota!-



Reclamé.



-¡No me presiones!-



Lo miré fijamente e hice seña para que continúe hablando.



-Ah..es..yo no estaba ahí porque quería, recuerdo que alguien m-me detuvo. Y-yo.. Había salido a dar una vuelta, quería comprar helado y después ..-



Tartamudeó. Mi estado de frialdad seguía presente. Llevé una silla para sentarme en frente, ya estaba cansado de todo el juego de palabras que mantenía para que me confiese.



Luego de un segundo me levanté, estaba caminando de un lado a otro, ya estaba demasiado molesto.



-¿Y qué pasó?-



-M-Me habían llamado p-por teléfono. Pero.. decidí ir a la casa de un amigo.-



-¿Que clase de amigo?-



Me le pare en frente de él para que al fin me dijera de quién se trataba todo ésto.



-N-no no puedo recordar, sé que discutimos y.. después de aquello, todo se me esfuma.-



-¿Quién era el desgraciado que me dijo que te dejara? ¡Quiero saber! Ahora!-



Lo asusté pegando el puño contra la pared. Ya me estaba hartando.



-¡No lo recuerdo! E-Espera, espera. Su cabello.. su cabello era de un color rojizo.-



-Quiero nombres.-



-Discutimos, y me enojé con él por lo que te dijo.-



-Quiero su nombre, maldita sea.-



Me le quedé en frente.



-S-su nombre..es.. Dereck.-



En ése momento, lo miré fijamente. ¿Tan difícil era? Después de darle la oportunidad de huir, y alejarme de él, como no lo hizo, lo abracé.



-Me las va a pagar muy caro.-



Amenacé.



-Y no llores, no seas idiota.-



Me alejé a pocos centímetros para verlo. y su expresión casi me causa risa. Le quite las lagrimas y lo becé. Tenia la necesidad de acariciarlo, así que no me perdí el momento, y lo acaricié tratando de quitarle la playera.Luego de unos segundos que nos estábamos besando, no se la iba a dejar tan fácil.



-¡Duele! ¡Joder!-



-Que no me entere que ése malnacido te tocó.-



Exclamé en su oído tratando de sonar posesivo. De repente había alguien detrás de la puerta llamando. ¿Acaso era quién creía que era?




                                                   ***

Me tomó desprevenido y me miró con ésos grandes e iluminados ojos.

-¿Quién es? ¿Porqué no atiendes?-

Dijo a modo de pregunta. Alcé una ceja, y dudé. Caminé dirigiéndome hacia la puerta, y una pelirroja se asomó.

-¿Qué pasó?-

Cuestioné y bajé mi vista hacia aquel escote. Era extraño que alguien se me apareciese en la puerta así como así, sin haberle traído antes a mi habitación. Aunque habíamos pasado un buen momento, sin nada de sexo. ¡Qué aburrido! Y ahora, ella estaba aquí, tal vez para quitarse las ganas.¿Quién lo sabía? De todos modos, aquélla pelirroja me caía bien.

-Venía a invitarte a cenar, ésta noche, en el restaurante de a la vuelta-

Dijo con todo el mejor ánimo de todo el mundo y soltó una risa. Le sonreí, sin planes en mente, ni siquiera sabía si Bill saldría de mi cuarto de hotel, había mucho que hablar y tal vez, mucho que hacer. Al menos una noche no sería mala idea ¿O sí lo era?.

-¡Acepto! ¿Nos vemos después?-

Respondí y la saludé con un beso en la mejilla. Su aroma era exquisito que pareciese que me habia quedado su perfume impregnado en mi mejilla.

-Perfecto, Tom. Bye bye!-

La saludé con la mano al verla irse, cerrando la puerta y me acerqué al rubio que se encontraba cercano a la ventana. Concentrado, mirando un punto fijo sin siquiera mirarme.


-¿Qué pasa?-

Cuestioné y me miró con los brazos cruzados, haciendo la maldita pose como si fuese una diva enfadada. Me le acerqué para arrinconarlo, para tratar de besar su cuello y me colocó una mano entre medio para alejarme de él.

-¡No me toques!-

Dijo en cuanto me le acerqué. Me quedé mirándolo y después acerqué mis labios a su oído.

-Estás.. ¿Ésos son celos?-

Me le reí y lo ignoré dándome la vuelta, para sentarme en la cama.
Él se veía adorable pero no era motivo para que esté tan pendiente de sus estados de ánimos. ¡Maldito sensible que era Bill!

-¿Me vas a ignorar?-


Preguntó y enseguida llamé para pedir una pizza. Ya llegaba la hora del almuerzo y debía al menos comer. Bill caminó hacia mí y me miró.

-¡Tom! Te hice una pregunta-

Me gustaba cuando se ponía de ésa manera. Así que lo dejé que insistiera un buen rato aunque, ésta vez no era divertido.

-Si quieres irte, allí está la puerta-

Dije bromeando. Solté una carcajada intentando contenerme, aunque no podía.
Su rostro me causaba gracia, el cómo me estaba mirando también, pero aquellos ataques que tenía Bill, lograron que me arrepintiera para ponerme de pie e ir hacia él.

-¿Qué pasa? ¿Las nenas lindas te dan celos? ¿Más si llevan escote y mini?.-

Le hablé desde cerca. Disfruté decirle cada frase. Bill se moría, estaba demasiado molesto y éso me encantaba más. El rubio quiso acercar su mano a mi rostro fuertemente para darme una abofeteada y le tomé la misma de un rápido impulso. Enseguida frunció el ceño, enseñándome sus instintos salvajes que tenia para defenderse. Lo inmovilicé. Pegué mi cuerpo al suyo para que se calmara, y me escupió la cara.

-¡Suéltame!¡Eres un maldito mujeriego!-

Me dijo y ganó que le tomara del rostro para quizás darle un pequeño susto o tal vez provocarlo aún más.

-Te ves tan necesitado en éstos momentos.-

Le aclaré.Me reí un momento y aproveche para limpiar mi rostro.

-Se te nota tanto la falta de sexo, que mira, te haré el favor.-

Dije y le desprendí el jean, metí mi mano para acariciar por encima de su boxer. Se veía tan sumiso y excitado que ya no parecía estar enfadado por algo en especial. Mordí mi labio disfrutando el cómo gemía. Sus labios se abrían y cerraban, así como mis manos. Se deshizo entre mis brazos y me tomó desprevenido, acercando sus labios a los míos para besarme. Su lengua exploró mi boca, sus labios se movieron con ése movimiento lento, sin siquiera tratar de aumentar la velocidad del mismo. Pareciera como si aquéllos labios, sólo encajasen perfectamente en los míos, y no era para presumir. Bill no parecía tan desesperado, y aquello era extraño. Sus manos fueron quitándome la playera, sus pálidas manos acariciaron desde los hombros descendiendo hasta llegar al pantalón que llevaba puesto. ¿Qué estaba pasando? ¿Acaso Bill tenía el control?. Lo empujé hacia la cama y enseguida le quité su jean ajustado junto con el boxer. Bill trató de quitar el mio, imitando mi acción, y después lo miré al rostro tratando de observar aquella belleza que me había hipnotizado alguna vez en aquél club. Su perfecta piel todavía tenía diversas marcas moradas, aquéllas que fueron provocadas por aquél accidente. Mi piel se erizo al ver que se acercó para lamer alrededor de mi pezón, jugueteó con sus dedos delicados con el otro, y fué presionando, también tirando de él.

-Hm.. Parece que alguien quiere que lo folle muy duro hoy.-

Dije en un intento desesperado de llamar su atención y que su mirada busque mi rostro. La sonrisa del rubio que se encontraba debajo de mí, me hizo ir hacia él, para morderle el labio. Sus juguetonas manos se deslizaron por mi pecho, Bill me tomó aquella palpitante entrepierna que se encontraba dispuesta para él y trató de mover su mano para darme aquél placer intenso que me provocaba gemir, y que no supe clasificar cuán caliente me encontraba en ésos momentos. Ni siquiera todas las mujeres con las que me acosté y llevé a mi cama, se comparaba aquél grado de placer. Gemí. Por primera vez gemí su nombre a escasos centímetros de sus labios. Mientras que Bill se entretenía masajeándo, una de mis manos fué directo hacia su entrada, logrando, con leves masajes penetrarlo. Nuestros gemidos se escucharon al mismo tiempo, el rubio me ponía demasiado y ya no aguantaba más aquélla presión. Me alejé a centímetros de él, cuando noté que se encontraba preparado logré rozar mi entrepierna contra sus muslos, lo penetré despacio para sólo verlo jadear y lo sexy que se veía en ésa situación. Aquella sensación me provocó gemir, empujé dentro de él y rápidamente comencé a embestirlo con tanta rapidez y profundidad que parecía que terminaría cuanto antes de lo planeado. Gemí junto a él, sin perder un segundo más mis manos acariciaron su precioso cuerpo, se deslizaron hacia su cintura para poder embestirle con mayor fuerza y terminar, segundos después, corriéndome en su interior. Bill gimió hasta correrse en su abdomen. Su voz sonaba agitada, tanto como la mía, pero me encantaba verlo tan relajado ahora.
¿Cómo podía ser posible? aquél rato de sexo, no se había comparado a ninguno. Cómo podía ser que el rubio fuese tan sobresaliente en mi vida sexual? Ni siquiera las que utilicé podían mantenerme tan satisfecho como lo hacía Bill.. y ahora sólo se me antojaba comer algo, aunque en muchas ocasiones, solía tener apetito después de disfrutar el sexo.

-Puedes ir.. a ducharte-

Le pedí después de deshacerme de aquella posición. Bill obedeció y se perdió en aquél baño. De repente se escuchó el timbre sonar y enseguida abrí sin perder tanto tiempo,  me puse los pantalones y fuí a atender. Pagué y me entregaron la caja de pizza, logré dejarla cerca de la mesita para que cuando Bill saliera, ya estuviera lista.
No perdí ningún detalle, fuí hacia el baño para apreciar la silueta que se encontraba en aquella ducha. Lo miré, aunque aquellas marcas moradas no se iban, arruinaba el blanco de su piel.





                                                        ***

Narra Bill.


Mi padre me sacó de ése sitio cuando me dieron de alta, me había llevado hasta casa, ya que estaba totalmente recuperado. Gracias a la atención que tuve sólo fueron un par de rasguños aunque pensándolo detenidamente ¿Quien había sido mi salvador?. No lo recordaba, sólo venía a mí un pequeño recuerdo de aquél día, unas luces me encandilaban los ojos y luego desperté allí.¿Acaso había sido unos de aquéllos malditos sueños extraños? Por más que lo intentaba, aquellos recuerdos se habían esfumado de mi mente.
Después de pasar semanas en mi cama y con las atenciones de mi padre, después de tratar de recordar algo de aquél accidente, tuve la equivocación de revisar mi teléfono por error, después de enviarnos algunos textos entre aquél chico llamado Tom. Después de aquéllas evidencias, me desesperé, entré a llorar como un desgraciado, tiré todo de mi habitación y me caí desde las escaleras. ¿Que resultó de todo aquél ataque de furia? Perdí mi conocimiento, según mi padre, me tenían que tener vigilado, hasta que por fin me dijeran que estaba sano y salvo. Mi desmayo tuvo consecuencias graves, que lograron que no recordara absolutamente nada de lo que había sucedido aquél día en el hospital.
Días más tarde, traté de enviarle un mensaje de texto a Tom, ya que estaba recuperado. Él los respondía, aunque insistía que mi padre no le agradaba, me había propuesto algo interesante. Ir hacia su hotel, dónde se hospedaba.
Aquél día del accidente, no lo recordaba a la perfección, ni siquiera Tom sabía que me había desmayado el día en que había vuelto a casa. Una noche recordé leer aquéllos textos olvidados, y lo superé con el paso de los días. Quedaba una deuda pendiente con aquél extraño pelirrojo que decía conocerme a la perfección. ¿Acaso recordaba algo? Ni siquiera podía hacer memoria. Sólo recordé aquél cabello pelirrojo, tan llamativo que me causaba intriga, el saber quién podía manipularme de aquella forma me hacía enfurecer. Al recordar aquél nombre tan extraño, dí con cada trozo de recuerdo, limitado, ya que no sabía ni siquiera cómo había terminado en una camilla de hospital.
En aquél momento, ni me hubiera imaginado terminar en las condiciones, ni situaciones que se presentaban.
Lo miré imaginando lo peor. ¿Acaso todos aquellos mensajes de texto que recibí de aquél extraño, eran todos ciertos?.
"Él es un maldito mujeriego" "Tan sólo juega contigo" " Eres su juguete favorito"

No sabia porqué motivo me estaba torturando de ésa forma, ni siquiera sabía qué pensar, ni siquiera sabía si volver a confiar en Tom.
De repente, en la puerta llamaba alguien, tenía una voz similar que me causaba escalofríos.

-¿Quién es? ¿Porqué no atiendes?-

Le dije, así por fin se dignaba a dejarnos en paz, quién sea que fuera.
Una vez que hablaron, se escuchó claramente un: "Perfecto, Tom. Bye bye!"
Sin dudas, aquella voz me resultaba bastante familiar..¿Acaso la estaba invitando a salir? Y yo aquí ¡De  imbécil!. Caminé hacia la ventana, mirando un punto fijo, sin saber en qué pensar. ¿acaso era un mujeriego?
Una vez que terminó de hablar, él estaba detrás de mí, trataba de ignorarle, sin mirarle directamente a los ojos, ni siquiera voltee a verlo. ¿Acaso eran celos?



-¿Qué pasa?-

Preguntó y lo miré con los brazos cruzados. Estaba dudando, tal vez. Tom se quiso acercar a mí y terminé alejándolo.

-¡No me toques!-

Exclamé. Tom se me quedó mirando y después acercó sus labios a mi oído. Su voz sonaba tan suave, aquéllo me estremeció y me volví un estúpido. ¡Demonios! Debía ser más fuerte que éso.


-Estás.. ¿Ésos son celos?-

Se rió un momento y me dió la espalda para poder irse a sentar en la cama.



-¿Me vas a ignorar?-

Cuestioné al no ver ni siquiera algún tipo de atención en mi persona, me enfurecí más de la cuenta, tan sólo porque el que debía ignorar, era yo, ¡no él a mí! ¡No era justo!


-¡Tom! Te hice una pregunta-


Pregunté y una vez que no obtenía respuesta, lo enfrenté. Tom parecía  ignorarme.


-Si quieres irte, allí está la puerta-

Dijo Tom echando a reír. Pero luego, se acerco hacia mí, como si algo le causara gracia.

-¿Qué pasa? ¿Las nenas lindas te dan celos? ¿Más si llevan escote y mini?.-

Me habló desde cerca, de repente, le quise dar una abofeteada porque lo tenia merecido y Tom capturó mi muñeca  de un rápido impulso. Fruncí el ceño mirándolo molesto y cuando quería tratar de empujarlo y alejarlo me inmovilizó. Aunque de cierta manera me encantaba verlo desde tan cerca. Pero ¡Esto no iba a quedar así! Así que le escupí el rostro cuando pego su cuerpo al mio.

-¡Suéltame!¡Eres un maldito mujeriego!-

Exclamé enfurecido y molesto.

-Te ves tan necesitado en éstos momentos. Se te nota tanto la falta de sexo, que mira, te haré el favor.-

Dijo Tom e inconscientemente me dí cuenta de que desprendió mi jean. ¡No podía ni siquiera tener el control de mí mismo! ¿Acaso era tan débil ante sus malditos encantos? Una vez que su mano se metió dentro para acariciar por encima de la tela, me deshice en sus brazos, no lo soportaba, lo becé si pensar en nada. Me estaba llevando a la locura.
Exploré su boca con mi lengua, tenía la necesidad de sentir sus labios otra vez. Le quité la playera, e inconscientemente acaricié desde sus hombros descendiendo hacia desprender su pantalón. Lo había extrañado demasiado. Tom me empujó a la cama, hasta desvestirnos para sentir nuestras pieles cálidas, rozarse una con otra. Luego de unos segundos, ya estábamos en ambiente, sin importar que hubiese pasado el minuto anterior. Tom se veía mucho mejor desde aquellas última veces que iba sólo a verme, o tal vez sería la claridad de la ventana que lograba un balance perfecto en su rostro. Lo veía irresistible, con cada cosa que decía o hacia, aunque a veces me daba miedo su comportamiento. Traté de jugar un poco, sentir sus pezones erectos en mis labios para poder darle el placer que quería. Pero enseguida lo oí hablar, y aquello me provocó que mi vista de repente chocara con la de Tom.

"Hm.. Parece que alguien quiere que lo folle muy duro hoy."

Le sonreí y segundos después se abalanzó sobre mí para morderme el labio.
Acaricié su pecho con mucha suavidad, después de que se separó a escasos centímetros pude tener el control para poder darle la atención que merecía. Rápidamente el comenzó a gemir. Las manos de Tom me provocaron cierto placer, cuando comenzó a imitar penetraciones con dos de sus dedos.  Nuestros gemidos se escucharon al mismo tiempo. Así fué como terminamos después de aquella rara discusión. Tom terminó embistiédome como si fuese el último día de nuestras vidas. Entre caricias y besos, habíamos culminado ambos, y terminamos totalmente exhaustos sobre la cama.



-Puedes ir.. a ducharte-

Me dijo Tom..y obedecí.. De repente se escuchó el timbre sonar y enseguida abrió.
Algunos segundos más tardes me sorprendió. Él estaba observándome mientras me duchaba. acaso ¿En qué estaría pensando?


                                                                   ***



Narra Tom.



Observé aquella figura detrás de el vidrio empañado de la ducha. Relamí mis labios buscando algún que otro pensamiento que no sea meterme allí mismo para poder apreciar desde cerca su cuerpo mojado debajo de la lluvia de aquélla regadera. Caminé unos pasos más y abrí la puerta.No podía negarme. Se podía encontrar el calor húmedo en el ambiente. Recorrí con mi mirada aquellos tatuajes que me dejaron la intriga. Tal vez se había hecho alguno sin consultarme. Ver aquella pose y aquélla figura frente a mis ojos, me tentaba de sobremanera, con sólo verlo e imaginarme las cosas que haría con él,  me estaba poniendo.
En seguida, cuando Bill había notado mi presencia, se ruborizó al máximo tratando de ocultarse. Alcé las cejas. El rubio había cortado el agua de manera tímida y muy delicada. Se miró los pies, y después me miró. Ambos coincidimos las miradas que conectaron, como en varias ocasiones. Le sonreí, de alguna manera me miró con sorpresa, como si fuese interrumpido de su baño.

-¿Me pasarías la toalla?-

Habló con nerviosismo y timidez volteando su cuerpo. Negué y traté de acercarme más para deslizar mis dedos por su blanca piel, aquéllas marcas, las que me torturaban, ya que yo era el causante, yo era el culpable de aquello. Si al menos no si hubiese interpuesto en mi camino, ésto no hubiese pasado.

-¿Alguien acaso las necesita?-

 Hablé cerca de su cuello en un  murmuro y decidí propinarle besos y algunas que otras mordidas en la longitud del mismo. Lo tomé de la cintura, sin poder resistirme y lo presioné contra la pared. El rubio soltó una risa ahogada.

-¡Tom!¡Mi padre pasará por mí en pocos minutos! ¿Lo habías olvidado?-

Se quejó, podía sentir su nerviosismo consumirlo entero.
Sonreí. Deslicé mis manos por sus caderas, marcando aquélla curvatura escasa pero notoria. Le dí un fuerte azote que provocó que le dejara una leve marca rojiza en sus nalgas.
Bill había soltado un grito ahogado y me tomó de la mano.
¿Acaso no podía?¿No tenía permiso de hacer lo que quisiese?

-Al menos déjame tocarte.-


Hablé cerca de su oído y .. maldita sea! ¡La pizza se enfriaría! Pero aquello no me interesaba en absoluto, ni en lo más mínimo.

-Sí, claro.-
 Habló como si no le gustase. ¿Acaso qué pasaba con él?

-Necesito atención..-

Hablé cerca de su oído. Bill se giró y chocó sus labios contra los míos. Bajó sus manos húmedas y presionó mi entrepierna, dándome un masaje con sus manos que parecía correrme ahí mismo.

-B-Bill..¡De rodillas!.-

Ordené. Comencé a gemir con descontrol. El rubio sabia cómo ponerme, sabía cómo provocarme, cómo volverme loco en ése mismo instante. Sabía cómo hacerlo a la perfección.



-No quiero hacerlo.-


Habló sin ánimo. Se alejó de mí, dejándome demasiado caliente ante él. ¿Acaso qué estaba pasando?
Le tomé el rostro entre mis manos y mis labios chocaron con los suyos. Aproveché para poder meter la lengua en su cavidad y profundizar de alguna manera haciendo el beso más apasionado. De repente se alejó mirándome, observando mi rostro con atención.

-¿Que sucede hermoso?-

Le hablé y traté de tomar sus manos junto a las mías.


-No sucede nada, Tom. Necesito la toalla, ya mismo.-

Habló como si ya no tuviera ánimos de nada. Obedecí y le alcance la toalla, negando. ¿Ahora qué era lo que le sucedía? Me encaminé hacia el otro ambiente y trate de organizar todo, preparando la desordenada cama. Luego de algunos minutos escuché sus pasos.


-¿Quién era aquélla mujer?-


Interrumpió. Apareció de repente, colocándose su ropa con rapidez y después trató de secarse el cabello.Volteé soltando una risa. Bill tenía un serio problemas de celos.

-Una amiga ¿Porqué la pregunta?-

Hablé de repente respondiéndole la pregunta. ¿Qué le estaba sucediendo?

-¿Cómo aparecí en aquél hospital?-

Se sentó y me miro fijo, tomó una porción de pizza dándole un mordisco. Imité su acción. Me sentía totalmente culpable.

-No sé. ¿Tu padre no te lo dijo?-


-Demonios Tom..¡Quiero saberlo!-

Insistió ¿Acaso debía decírselo? Lo miré a los ojos, tratando de notar la curiosidad lo invadía y no podía hacer nada para ocultarlo. Suspire.

-Querrás decir. ¿Cómo apareciste en la casa de tu amigo? ¿Qué hacías allí?-


-¡Tom! Te pregunté primero.-

Me enfrentó.

-Acaso, ¿No puedo saber quién fué?-

Exclamó con aquella mirada de intriga. ¿Debía contarle? o acaso no?

-Fuí yo.¿Feliz? Yo te llevé allí.-

Bajé mi cabeza al suelo, mirando otros lugares del mismo, que no sean sus ojos. Suspiré. Abrí el cajón de la mesita para poder sacar un cigarrillo y lo encendí.Caminé de repente hacia la ventana, mirando a la nada.


-¿M-me salvaste?-


Hablo detrás de mi espalda. Bill parecía no creerlo.

-Sí y eres un maldito suicida-

Dije sin prestarle atención.Se me acercó y besó mi mejilla.

-Gracias..no sé qué haría sin tí-


Susurró en mi oído. y de repente se escuchó una bocina.Genial..Había venido su padre.



-Ya pasó, tranquilo.-

Lo abracé como si fuese el ultimo abrazo de nuestras vidas, cerré los ojos y suspiré por tenerlo tan cerca de mí. ¿Y yo qué hubiese hecho sin él?




Continuará...

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