23 sept. 2016

Arthur... Are you there?

Título: Arthur... Are you there?
Banda: Tokio Hotel
Parejas: Bill-Tom
Género: Drama, Romance, Lemon, slash , Incesto.
Advertencias: Contenido Adulto. Violencia, Incesto, Muerte de personaje principal, Muerte de personaje secundario.
Personajes: Bill,Georg,Gordon,Gustav,Simone,Tom.
Categoría: Slash.
Completo: No. (En progreso)
Clasificación: Fiction Rated M (16+)






Resumen:
Todo comenzó cuando Bill Kaulitz entraba en la etapa de la adolescencia, 
 donde él comenzaba a sentir atracción por su propio hermano gemelo. Era tanta la atracción que sentía conforme pasaba el tiempo, que se volvió incontrolable, tanto que una gran discusión produjo un pequeño distanciamiento entre ellos, lo que logró que no se hablaran sino meses después donde se encontraron cara a cara. 
Pero en ése entonces, Bill tenía nuevo nombre y nueva apariencia. 
¿Podrán recordarse después de todo lo vivido? 












                                                                  ***


SINOPSIS:




Esta es la historia de dos gemelos que en el transcurso del tiempo optan por distanciarse a causa de las peleas ocasionadas por uno de ellos.




Todo comenzó cuando Bill Kaulitz entraba en la etapa de la adolescencia, donde él se enamora ciegamente de alguien inapropiado.




Él comenzaba a sentirse atraído por su hermano gemelo. Trata con excusas llegar a convencerlo pero Tom no estaba de acuerdo con ésa idea, él pensaba que estaba mal todo lo que su hermano quería intentar hacer.




Por dentro Bill era débil frente a lo que le sucedía, por fuera se veía fuerte pero pese a todo lo acontecido, él no se cansaba de insistir.


La fuerte obsesión que tenía, lo obligaron a tomar decisiones drásticas ya que Tom solamente tenía preferencias por las mujeres.




Era tanta la atracción que Bill sentía, conforme pasaba el tiempo, que se volvió incontrolable para él.


Ambos se independizan, se mudan a los Angeles.


Bill decide ser modelo, para desprenderse de la rutina, con la idea de viajar a otros lugares a probar suerte y conseguir dinero, entre ellas olvidarse de Tom.




Pero Bill no podía contra sí mismo, cada vez que se encontraban, el pelinegro no podía controlarse frente a su gemelo. Después de situaciones demasiado comprometedoras, Tom cede ante la ideas de su pervertido gemelo, obligándolo a ser preso de su misma locura.


Pero Bill cometió un error, uno demasiado grande e irreparable. Confió en las palabras de su hermano, todo no era como Bill pensaba que era.


Las discusiones y el distanciamiento eran inevitables. Bill comete un error tras otro.




Algunas sospechas y varios intentos de conseguir informacion secreta sobre Tom lo obligan a entender ciertas cosas, lo que le causa una gran decepción.




Una gran discusión entre ambos produjo un pequeño distanciamiento entre ellos, lo que logró que no se hablaran durante un tiempo.




Para Bill, el conocer el amor de su vida no era lo mejor, porque cuando lo encontró no había marcha atrás, lo único que hizo es darse por vencido.




Bill opta con cambiar completamente su vida.


Cambiando completamente su nombre, ocultando su verdadera identidad, la que no quería, porque para él, ese " Bill Kaulitz" estaba muerto.


Se une a un clan donde lo lidera uno de sus amigos de colegio, llamado Gustav, en donde conoce la verdadera razón por la que desea estar vivo.


Además de cambiar su nombre completo, su apariencia está arraigada en una historia creada por él mismo en su cabeza. Se considera un ser único y especial, a la vez un chico afortunado, un Angel y demonio. Puede matar como también dar la vida a quién crea que la merezca.




Para limpiar su pasado, el pelinegro habia optado por formar parte de un pequeño grupo de mafiosos en donde el dinero era la clave.




Su nuevo nombre era Arthur Slim, tenía cabellera plateada ya no se veía como solía verse.


Meses después se encontró cara a cara con su peor pesadilla.


Pero en ése entonces, Bill tenía nuevo nombre y nueva apariencia.




Todo había transcurrido con normalidad cuando sin querer se topa con su gemelo, Arthur decide darle otra oportunidad a su hermano, a base de ciertas amenazas creadas por él mismo.




¿Podrán recordarse después de todo lo vivido juntos? ¿Lo aceptara Tom otra vez en su vida?




Pero un día tras haber sido preso de sus pensamientos se produce un accidente no planeado.


Un accidente repentino lo obliga a vivir por siempre en la mente de su gemelo.


El destino le había jugado una mala pasada, o tal vez era preso de alguna vil trampa.




Su hermano gemelo era el que habría sufrido las consecuencias de todo lo ocurrido.




Tom decide luchar frente a todo, el accidente le cambia la vida por completo. Con el tiempo se vuelve loco a cusa de sus pensamientos, hasta que sucesos inesperados lo obligan a terminar en una condición para nada satisfactoria.







                                                                  ***



NARRADOR:

Hace mucho tiempo en un lugar del mundo llamado Leipzing, que estaba al este de Alemania, nacieron dos gemelos idénticos el día primero de septiembre de 1989, bajo los nombres Tom Kaulitz y Bill Kaulitz, siendo el último menor por sólo diez minutos. Desde pequeños a medida que crecieron, Bill se demostraba más cariñoso y apegado con su gemelo. Así fué como nació ese cariño incondicional que Bill no tenía en cuenta, que en un posible futuro le acarrearía problemas y consecuencias graves. Bill no podía estar ni vivir sin Tom, él iba a cada parte que iba su hermano, nunca estaban separados, siempre juntos como en un principio, desde que crecieron en la panza de su madre. Y Bill no se imaginaba la vida sin su hermano. Tomy era su amigo de juegos, su defensor en la escuela, su salvador, Tomy era su todo.
Desde el momento que su madre Simone Kaulitz y su padre Gordon Trumper se separaron y divorciaron, su madre se los llevó a ambos gemelos a vivir a Magdeburgo.
Toda separación le afectó de gran forma a ellos también, que todavía a penas eran menores de edad. Extrañaban a su padre y se preguntaban el porqué y no comprendian las decisiones de los adultos.
Crecieron, a Bill y a Tom ya no lo vestían iguales, sino que habían adoptado un estilo diferente el uno del otro. El tiempo transcurrió, ya no eran simples niños, sino que Bill comenzaba a sentirse atraído a Tom por alguna causa desconocida.
En la escuela, Bill obtenía buenas notas, pero no le gustaba estar ahí, no se podía adaptar. Como iba a un colegio en un pueblo vecino, se tenía que levantar a las 5:30 cada día y en la noche regresaba tarde a casa.
Desde entonces era un individualista. No tenía muchos amigos ni se llevaba bien con los maestros. Siempre estaba con Tom, pero éste último siempre se metía en problemas por su queridísimo hermano. Bill siempre tuvo problemas en su escuela, con ésos que odiaban su estilo, siempre fué criticado, humillado por sus compañeros, pero ahí estaba su Tomy. Él que lo defendía a toda costa, y más si debía pelearse con todos con tal de ver a su pequeño hermano sonriente, con tal de no ver lágrimas en su hermoso rostro. A Tom no le importaba nada, él estaba dispuesto y había asumido su papel de hermano mayor perfectamente porque Bill sólo era su hermano pequeño.
La diferencia enorme era que Bill no veía a su hermano como tal, si no que le gustaba, le atraía, sentía ése cariño mutuo cuando sus miradas se encontraban.
A medida que crecía, Bill comenzó a notar ciertos cambios en su cuerpo. También notó un gusto por la moda y por el maquillaje, él se sentia y se veía más atractivo con el mismo que al natural.
Su madre Simone Kaulitz, era una costurera, tuvo mucha paciencia con él. Bill describía su relación con ella como una gran amistad, se llevaban realmente bien.
Había veces que su padrastro Gordon Trümper, los llevaba de paseo, los iba a recoger a su casa mientras su madre estrictamente no quería que se los llevara mucho tiempo, no deseaba que sus hijos estén en manos de un alcohólico por mucho tiempo. La cuestión era, si no le obedecía, llamaría a la policía.

A medida que pasaba el tiempo ambos se vestían de manera diferente. En la escuela Bill se vestía de una manera muy provocativa, no dejaba de sorprender a todos con su estilo diferente, además pintaba su cabellera de negro, mientras que a Tom le iba más el estilo Hip Hop- Rapero, con ésas rastas rubias y esa ropa ancha.
Desde niño, a Bill le gusta la ropa extraordinaria pero su hermano era todo lo contrario, mientras más ancha, más cómoda para él, mejor. La idea para su look le vino en una fiesta de Halloween, la noche de las brujas, cuando se vistió de vampiro. El disfraz le gustó tanto que decidió adaptarlo a su vida cotidiana.

Claro que ésta estética no le gustaba a todos sus compañeros ni a los maestros. Pero no le importaba a Bill. El propósito de su traje era saltar a la vista, provocar. Imponerse, ser rebelde. Aunque sus maestros chillaban porque ver a un chico maquillado era totalmente raro. Se veía demasiado gay.

Su vida había dado un giro desde que descubrió algo interesante. Bill se sentía confundido con su cuerpo, notaba que no le gustaban las chicas, sino sentia un afecto grande con Tom. Y sólo por Tom. Cada vez que su gemelo mayor coqueteaba con chicas él pretendía hacer lo que sea para tener su atención. Los celos le eran difíciles de sobrellevar.
Su adicción a su hermano se vió más fuerte cuando luego de una fiesta, donde Tom estaba algo ebrio, Bill pretendía seducirlo de manera que su hermano se acercara a él un poco más, como lo hacía con las chicas. Necesitaba dar un paso más, estaba cansado de que tener que desear sus labios cada vez que lo enloquecía con ése piercing que tenía su hermano. Y deseaba estar en el lugar de cada una de ésas chicas. A Bill le gustaba la manera que tenía Tom de coquetear con chicas, deseaba estar en ése mismo lugar. Ser esa chica.
Tom se acercó a su hermano con un ligero roce de labios, confundido por la habitación oscura de la casa. Tom tomó de las caderas a Bill, apagándolo a su cuerpo, diciéndole palabras bonitas, coqueteando como todo un ganador pero a diferencia que el aliento era alcohol. No había nadie en la casa en ése preciso momento, sus padres habían salido.
En ése entonces Bill y Tom eran adolescentes, sólo estúpidos adolescentes que no sabian lo que hacian. Bill no sabía lo que hacía.
Lo llevó al cuarto, le quitó la ropa y Bill no entendia cómo un par de besos en su cuello, un par de palabras bonitas, románticas para ser exactos y ésas suaves pero brutas y dificultosas caricias lograron encenderlo a tal punto que luego se arrepentiría. Cegado por ése sentimiento que Bill desconocía, se dejó llevar sin siquiera darse cuenta que estaba comenzando a caer en un circulo de vicios, de querer tenerlo sólo para él. De hacerse un maldito adicto.
Las manos de Tom subieron por su torso, Bill se deshacía con las caricias de Tom, sus suspiros y respiros suaves chocando piel a piel le pedían de manera sumisa que hiciera lo que quisiera con él.
Pero Bill, asustadizo empujó a su hermano cuando se sintió incómodo en ése momento cuando Tom comenzó a propasarse, a cruzar la línea prohibida de su cuerpo.
Salió corriendo de la habitación a penas podía, avergonzado con el nuevo descubrimiento. De verdad estaba arrepentido de haber llevado a Tom a hacer cosas inapropiadas en ése estado de ebriedad, aprovecharse de la situación. Bill no deseaba salir de su habitación, en ése momento, Bill sentía miedo.





                                                                  ***



NARRA BILL KAULITZ :

Me sentía asustado desde ése momento que Tom quiso tocarme de una manera no usual. Todo había ocurrido cuando accedí a la propuesta que planteaba en mi mente. Ésa noche después del club, donde un taxi nos trajo a nuestra casa. Con mi hermano totalmente en estado de ebriedad diciendo incoherencias, tenía que pensar en algo rápido. No era fácil sacarlo de un ambiente ruidoso con luces destellantes a uno calmado y en plena oscuridad.
Su voz estaba siendo seductora para mí.
Me habia dado cuenta que nuestros padres no estarían por horas, la hoja de papel estaba sobre la mesa de la cocina, bien a la vista con un aviso en letras claras y perfectas me lo daban a entender. Di un suspiro de alivio, ésta era mi oportunidad.
Cada vez que sus ojos me miraban directamente, cada vez que la punta de su lengua paseaba seductoramente contra ése piercing, me podía en gran manera. Su coqueteo era demasiado, él era muy tentador. Por otro lado
admiraba de Tom ésa capacidad de comprenderme, de aconcejarme, de estar conmigo cuando se lo pedía a rodillas. Porque él era un maldito caliente, siempre iba detrás de las zorras con prominentes pechos y trasero. Y yo, yo quedaba sólo sin nadie más mientras él se divertía con sus prostitutas.
Desde que habíamos llegado a la casa me aseguré que todo estuviera en orden. Lo había guiado hacia la habitación de él, aunque siempre era un desorden, no me inculparían.
La habitación estaba a oscuras, yo dejé que me posea por completo, que me tenga en sus manos, que me tocara como lo hacia con todas ellas.
Surtió efecto, tanto que sus labios me besaron todo mi cuerpo, las bruscas caricias me recorrieron dejándome completamente idiota.
Sus caricias y besos me colmaron, cada beso y respiración suya chocaba contra la mía. Aquellos que deseaba, cada beso y caricia era especial si se trataba de Tom. De repente me sentí incómodo, Tom estaba llendo demasiado lejos. No quería ésto, no lo deseaba, no era como quería, como lo pensaba. Un nudo en mi garganta me dejó sin hablar, me quedé helado y unos escalofríos intensos recorrieron mi cuerpo a penas Tom rozó sus dedos cerca de mi intimidad. No estaba siendo cariñoso como pensaba. Me iba a follar. No tenia en mente éso, ni siquiera sabía a qué extremo llegaría. Así que lo quité y como no podía lo empujé a la cama donde cayó completamente a penas con el pantalón por las rodillas. A penas había una tenue luz , salí corriendo hacia mi habitación completamente asustado. Tenía miedo.
¿Porque tenía miedo? Era mi primera vez en ésto, sobre lo que mi hermano sabía demasiado y yo no comprendía nada. Él sabía cómo follarlas a penas su adolescencia. -¡Maldito seas Tom!-. Comencé a pensar sobre todas las veces que habíamos intentado abrazarnos sin sentirnos incómodos, las veces que me quedaba despierto sólo porque tenía miedo a la oscuridad, porque tenia pesadillas y necesitaba de sus abrazos, ésas palabras tranquilizadoras que traspasan el límite. Necesitaba de Tom cada vez que me sentía perdido en mí mismo o cuando recibía un golpiza en el colegio, cuando él se iba detrás de alguna muchacha fácil. Necesitaba de él sea cómo sea.
Me resguardé entre las mantas, me meti entre las mismas cubriéndome completamente hasta la cabeza. Tenía muchas dudas, muchas preguntas, pero sobre todo, sentía miedo. Me sentía completamente asustado y culpable por haberme aprovechado de la situación, por haber pensado en cosas absurdas, por desear que Tom me entregara su cariño, estaba totalmente equivocado.
La clase de cariño no era la adecuada, para él era un estúpido cuerpo, uno sin sentimientos. Me negué a acceder, aunque mis instintos me decían que lo haga, que no me arrepentiría.
Me senté en el borde de la cama, mirando la oscura habitación, encendí la pequeña lámpara así ponerme de pie para caminar muy lentamente hacia la puerta. Caminé hasta la habitación de Tom para saber cómo estaba, no era la primera vez que nos dejaban salir sino que anteriormente íbamos a fiestas.
Me asomé a su puerta, veía un cuerpo sobre la cama, estaba dormido o éso creía. Lo primero que hice fué entrar sin más, guíe su cuerpo en el centro de la cama con algo de dificultad pero en éso noté que unos brazos me rodearon la cintura. El aire se me detuvo al instante cuando me atrajo hacia él, no podía contra ésta nueva tentación.
Su aroma a alcohol me pegaba a la cara, me quería tocar y abrazar cosa que se lo impedía. De repente comenzó a decir uno de los nombres de las chicas con las que estuvo y me alejé lo más que podía, no podía creerlo. Me alejé de él le tiré las mantas encima y corrí hacia mi cuarto. Me sentí idiota por un momento. A ellas las recuerda perfectamente, éso no podía estar pasando. Las pequeñas gotas de lágrimas comenzaron a salir lentamente, empapando las mejillas al instante. En ése instante no deseaba existir.



                                                                  ***



                                                     


Escuché la puerta de mi habitación, parecía ser otro nuevo y estúpido día. Aún recordaba esos nuevos sentimientos que había sentido cuando las manos de Tom me acariciaron con intención de poseerme.Un escalofríos invadió mi cuerpo sin querer saberlo estaba sintiéndome extraño con todo ésto. Mamá seguía insistiendo, llamando a la puerta sacándome de los pensamientos a lo que le tuve que responder de inmediato para que ya dejara de molestar.

-¡Ya Voy!-

Grité algo alto bufando, ya se me había quitado el sueño con sus insistentes llamados del  otro lado de la puerta. Era la hora del almuerzo, debía levantarme de la cama que sin dudas había dormido toda la mañana.
Todos los fines de semana nos recogía nuestro padre para ir de paseo, era el peor día de mi vida.
Al momento de ir al baño para asearme, Tom golpea la puerta. Mantuvimos una tonta pelea por segundos y él pasó de todas formas, lo empujé, me empujó, aunque terminé ganando por sólo meterme la ducha primero y esconderme allí para darme un buen baño. Avergonzado de que me observara, cuando terminaba de colocarme jabón me cubrí con una toalla en mi cadera para que no hiciera nada estúpido. La había arruinado desde ya, por tener jabón aún en mi cuerpo.

-¡Idiota! ¡Déjame duchar en paz!-

Me quejé al instante y él volteó su rostro. Me sonrió de costado, y volteó para llevar el cepillo con la pasta dental a su boca. Eso era un estado grave de provocación. Siempre actuaba de igual manera y me hacía enfadar. Gruñí entre dientes poniendo los ojos en blanco.
Terminé esperándolo, aún con shampo en mi cabello que se fuera así terminaba mi baño con toda la privacidad que merecía.
Bufé y terminé mi baño minutos más tarde.

Él Seguía invadiendo mi espacio cuando entré a mi habitación.  Entró a la mía sin pedir permiso, sin siquiera tocar la puerta, me cubrí por completo aunque debía averiguar de qué se trataba ése juego con su piercing, me estaba sintiendo atraído torpemente.

"Mamá me dijo que buscara algo"

Dijo con tono demasiado molesto.

-¿Tom?¿¡Que demonios!?-

Bufé y noté cómo me miraba.

-Mamá me dijo que lo tenías tú.-

Rodó los ojos enseñándome un ritmel, sentí un rubor extremo en mi rostro.

-¡Ahora vete! ¡Largo de mi habitación! -

Lo llevé echándolo a empujones leves hacia fuera. Me avergoncé de cierta manera, de hecho nunca supe cómo usar ése tipo de cosas, pero quería verme bien en algunos casos.

-¡Bill!¡Vino tu padre!-

Bufé al sentir la puerta abrirse otra vez. Tom se asomó y yo estaba sólo en boxers.

-¿Que no avisas? ¿No sabes tocar la puerta?-

Me quejé corriendo hacia ella empujándola de golpe, evitando que me viera.
El peleaba, le encantaba bromear pero sobre todo tenía obsesión por las mujeres.

A su corta edad había sido demasiado mujeriego de lo que parecia. Aunque no aparentaba. Tenía demasiadas niñatas estúpidas atraídas a él. Me enfurecía más al recordar aquella noche cuando me confundió con una chica.

...


Terminamos saliendo algo tarde por cierto, me quejé cuando Tom comenzó con las burlas, refiriéndose al ritmel.

-Tengo una nueva hermanita en la familia, pá-

Él comenzó a aguantar la risa. Le dí un golpe en el hombro pero él me dió un pellizco en uno de mis brazos lo que me hizo retorcerme de dolor.

-Eres un imbécil-

Le saqué la lengua y comencé a sacar los lentes de sol para ponérmelos pero rápidamente comienzo a ver que juega nuevamente con su piercing, lo cual me estaba provocando de alguna u otra forma. Deshago completamente mis  pensamientos, comienzo por ver el camino que habíamos tomado, ésta vez íbamos a acampar un rato, nada más hacer lo que más odiaba que era la pesca.

Tragué en seco cuando tenía a Tom a centímetros de mi rostro.

-Veremos quien es el favorito ahora, hermanita-

Dijo seriamente, me ruboricé por haberlo tenido tan cerca, siendo consciente que el día que había sentido esos suaves besos en mi piel, me había atraído de alguna manera, teniendo en cuenta que todo ésto que pensaba ahora era solo mi imaginación.

Corrí detrás de él, con mi teléfono en las manos, íbamos a acampar unas horas bajo algún árbol. El día era hermoso pero lástima el hermano que me tocó, temo que mi día se arruine.



                                                                    ***

Fui hacia mi hermano a paso lento, aburrido y éso que a penas llegaba. Me encaminé cubriéndome el rostro con una de mis manos, por el caluroso sol que molestaba un poco, e iba mirando hacia donde estaban para acampar. Me les uní minutos después de llegar con tranquilidad hacia ellos. El clima se estaba poniendo demasiado caluroso, así que fui consiente de que Tom se quitó la ancha playera. Me estremecí de alguna manera, me quede mirándolo embobado un buen rato.
Me ruborice al verlo venir hacia mi y rápidamente voltee mi cuerpo por si llegaba a querer decirme algo vergonzoso frente a nuestro padre.

-¡El ultimo en llegar es gallina!-

Dijo casi gritando y cuando volteé, ví que se lanzo al agua, salpicando agua hacia todas las direcciones, ya que estaba cerca de la orilla. Lo mire y retrocedí sólo a poca distancia, ya que no sabía qué cosa estúpida iba a hacer, estando tan cerca. Cuando me quedé mirándolo con los brazos cruzados, fué cuando Tom comenzó a cantar insoportablemente una canción y hacer sonidos molestos porque ni siquiera quería entrar con él al agua.



-No me meteré, joder! ¡Está demasiado helada!-

Me quejé cruzado de brazos, ni siquiera había había tocado el agua, para decir aquello, pero lo suponía, ya que siempre era así.

-Eres gallina Bill, ga-lli-na.-

Siguió molestando pero nuestro padre llego en el momento indicado, y precisamente a callar al imbécil de mi hermano.

-Tom, ya basta.No pelees a tu hermano-

Dijo y palmeo mi hombro luego me miró con una sonrisa ligera. Siempre terminaba siendo atento conmigo y todas las veces me defendía de Tom. Por ésa razón merecía decirle que era el mejor padre de mundo.

-¿Podrías ir por las cañas de pesca, Bill?-


Dijo mirándome con una sonrisa en sus labios. No podía creerlo. Fui obediente, camine hacia las mismas para entegarselas luego. Empujó un bote y nos subimos todos para ir hacia el centro del agua. En fin, odiaba ésto, odiaba que usara carnada, odiaba que sacara peces del agua. No tenia piedad pero al menos, lo que siempre decía era que debíamos alimentarnos, la naturaleza nos provee alimentos, no tenia porqué sentirme mal. ¡Al demonio con lo que decía!
Rápidamente, desenvolví un dulce, me llevé un caramelo a la boca, y me relaje mirando el agua, mirando hacia otra dirección diferente, para no tener que presenciar aquel acto de crueldad, me quedé mirando el hermoso lugar y la naturaleza en la lejanía.

-¡Papa, ahi! Mira mira!-

Sentí un empujón de mi bruto hermano, casi me tragaba el dulce. Tom se había tirado encima mio para tocarle el hombro a papá y tirar de su playera para tener la atención de él.
Su piel suave sobre mí, me produjo cierta tensión, contuve la respiración un momento ya que recordaba aquella noche, aquéllas caricias que me provocaron escalofríos en todo el cuerpo. Tom se dió la vuelta. Me miro. Olisqueó cerca mío haciendo una mueca y frunció el ceño. 

-¿Y tú, qué es lo qué comes?-

Me descubrió.Me ruboricé al instante que estuvo tan cerca de mí. Me tomo del rostro con sus manos y me estremecí por aquel roce.Me miro fijamente y me habló al oído.

-No es justo, Bill, yo también quiero-

Dijo y revisó mis bolsillos. Al no encontrar nada, simplemente me miró. Sus ojos cafés me provocaron pensar en blanco.

-Bill! ¡No te hagas el tonto!-

Dijo con sus ojos entrecerrados.

-Tengo sólo uno y esta en mi boca ¡No me molestes!-


Me queje tratando de parecer molesto.Aunque no podía contra ésta nueva manera de provocación. Estaba siendo completamente débil contra su mirada.


-Papa,  Bill no quiere compartir-

Me acusó y me miró enfadado desde donde se encontraba.

-Es mentira, papá, ¡no tengo nada!-

Me quejé dándome la vuelta para tratar de ignorarlo completamente, quizás pensar en otro tipo de cosas, de cómo está el día.. tal vez. Pero no podía contra Tom, desde ya, pero debía ignorarlo.

-Si yo no tengo, entonces tu tampoco.-

 Me dijo, me tomó de las manos con fuerza. Su respiración chocó con la mía dándome un pequeño escalofríos. Con una fuerza superior a la mía, me sostuvo las dos manos con una de las suyas y después sostuvo mi mandíbula con fuerza.

-¡Tom!¡Ya para!-

Me quejé forcejeando contra él. No podía contra él. Tampoco podía contra su cercanía, ni contra ésa cruel tentación que sentía cuando estábamos tan juntos.

-Escúpelo en mi mano-


Dijo exigiendo, amenazante y comenzó a poner presión, aún más, él sabia que no era totalmente fuerte.Mi punto débil. 


-No, tom, dejame-

Le hablé  quejándome, impidiendo que pudiera mirarme. Traté de quitármelo de encima y me apretó las muñecas tan fuerte que tuve que obedecer del dolor provocado.

-Chicos dejen de pelear-

Exigió papá mirándonos y al mismo tiempo se giró para  enredar el hilo en donde quizás traía algun pez. Lo odiaba en ésos momentos.


-AGHH, ¡imbecil!-

 Me quejé. Me soltó y nuestro padre se giró para vernos otra vez. Cuando volví la mirada a Tom, él me sonrió con malicia y el muy imbécil se metió el caramelo a su boca. Le saqué la lengua, me dí la vuelta y después me volteé para mirar qué era lo que cayó dentro del bote y en éso ví cómo papá había tirado el pez que se movía hacia todos lados. Tapé mi boca con una mano, tenía el anzuelo en la boca y después pegué un grito cuando ví que lo masacró al instante.

- ¡Aún está vivo!¡Joder, Papá ¡No!..-

Me quedé en shock. No era la única vez que lo hacía, pero sí la primera vez que lo veía en frente mio, ya que las pocas veces que veníamos a éste sitio, siempre terminaba evitando ver cuando mataba un pez. Mi rostro de repulción se hizo notable cuando Tom comenzó a reírse de mí.

-No es gracioso Tom-

Me quejé molesto. Me dí la vuelta y me distraje con cualquier cosa que no sea mirarlo.

-No tengas miedo, es sólo un pez, oh no, es un cadáver ahora-

Tom susurró en mi oído, quizás estaba demasiado idiota o él estaba insinuándome algo.
Después de eso, comenzó a reír.

-Tom, calmate-

Dijo nuestro padre, Tom siguió con lo suyo provocándome con bromas molestas. Después de un buen rato, donde papá atrapó los suficientes peces, nos volvimos hacia la orilla para encender una fogata.

...


-¡No voy a comer éso!-






                                                           ***





Después de aquel incómodo momento del que no me sentía nada bien, ya que odiaba a esa persona que decía ser mi padre por obligarme a no desperdiciar la comida.
Había comido con total repulsión, me sentía algo mareado ya que lo había vomitado todo al llegar a casa. Papá se había despedido de mamá con cierta seriedad, ya que me encontraba algo inconforme por esa única causa. Ella por un lado entendía mi punto, pero él creía que yo tenia un problema en la cabeza con ser vegetariano. 

...

Golpearon la puerta del baño con insistencia, Tom me pedía volver a entrar, decía que necesitaba el baño, y unas cuantas excusas más, como que quería ducharse.
Cuando por fin sentí mi estómago aliviado, me aseé, decidí salir, pero Tom ya no estaba allí.

Comencé a mirar hacia los lados. Decidí salir hacia el patio algo confuso. De repente sentí un jalón del brazo, Tom me acorraló y se plantó frente a mí mirándome con ése tipo de seriedad que no era normal en él.

-¿Porqué desprecias la comida de papá?¿Crees que no me doy cuenta, Bill?

 Me quedé en blanco. Su aliento me motivó a sentirme más nervioso que antes, su cercanía me estaba provocando unas ganas incontrolables de besar sus labios. Mi corazón comenzó a latir de una manera que desconocía.

-N-No.. yo.. yo.. -

-¡La botaste! Se lo voy a contar a papá cuando venga.-


Me habló con enfado con su indice señalando mi pecho, acusándome mientras sentía su aliento cálido chocar contra mi rostro.


-Soy vegetariano, Tom. Nadie puede obligarme a comer lo que no quiero!-



Le grité quejándome, dándome la vuelta. Él me tomó del brazo y me abofeteó tan fuerte que me produjo cierta sensación de dolor y corrí hacia mi habitación por lo sucedido.

-¡Para que aprendas! Hay personas que no tienen ¡y tú lo botaste todo!- 

Dijo quejándose. Nunca había visto a Tom de ésa forma, ni siquiera había pensado en que podría ser tan violento con su hermano menor.


No entendía cómo podía sentirme tan sensible por todo lo que acababa de pasar, ni siquiera podía frenarlo. No podía levantarle la mano ni pelearme con él. Pero..después de todo, Tom tenia razón. No podía simplemente desperdiciar la comida como lo hice. Me sentía totalmente en medio de un vicio, como si Tom fuese el único que me dominaba a su antojo, como si estuviera enfermo. Me quedé pensando en lo que abarcaba aquella palabra, un sentimiento que no se iba tan fácilmente con el tiempo, ni con el pasar de los días, el tiempo sólo le daba fuerzas a éste tipo de enfermedad para que siguiera creciendo todo lo que podría llegar, mi obsesión crecía día a día y es que no podía detenerme, simplemente Tom cada día era más irresistible ante mis ojos. Tal vez sería un tipo de enfermedad incurable, o simplemente debía salir más y conocer personas, chicos y chicas de mi edad, tal vez de ése modo mejore todo en mí. Pero..la palabra misma abarcaba cientos significados, para mí abarcaba todo lo que sentía por alguien imposible. Por mi hermano gemelo. Éramos dos gotas de agua idénticas, a pesar de las personalidades que teníamos cada uno, aquello nos diferenciaba totalmente. 



...


Golpearon la puerta.Me deshice todos aquellos pensamientos, no estaba llegando a ninguna solucion a mi problema. ¿Se podría nombrar como problema? ¿O simplemente le estaba dándo mucha atención al tema?Siguió Tom, golpeando la puerta, esta vez con el pié para que yo quizás escuchara. En cambio yo seguía en mi habitación sin desear salir, no quería ver a Tom, ni siquiera hablarle por algunos días. No podía creer de lo que él era capaz de hacer estando cerca mío. Tampoco podía creer cómo podía sentirme tan atraído hacia él.


- Bill ¿Puedo pasar?-

Escuché la voz de Tom y seguí sin hablar ni siquiera pensaba en abrirle. Dió unos últimos golpes en la puerta y luego se escuchó que se sentaba detrás de la puerta. ¿Con qué sentido? Tan sólo debía irse, debía dejarme solo, como lo estaba yo en la habitación. Solo, con tan sólo mi cabeza funcionando, haciéndome preguntas sin sentido, sintiendo cómo mi piel se erizaba cuando le escuchaba decir mi nombre.





                                                                ***





Abrí la puerta y seguía Tom allí, por mas que quería, no podía ignorar aquellos ojos cafés claros, me provocaban sentirme totalmente perdido en ellos.

Tom aprovechó y entro a mi habitación y de repente me acorraló para no dejarme salida.

-¡¡Escúchame Bill!!!¡No quería que te pegara papá!Los escuché discutir por tí y él quería hacerlo. Lo oí decir: "Bill merece una fuerte paliza que su madre no le dá".-

Casi me gritó en la cara. Tal vez tenía razón en algo, por la manera en que mi padre me miraba cuando se despidió de todos nosotros. ¿Qué acababa de decirme Tom? ¿Acaso había sucedido algo que no sabía ni estaba enterado?Un escalosfríos me paralizó con lo ultimo.No podía creerlo.


-¿Y lo hiciste tú? Gracias eres un muy buen hermano.

Le contesté enfadado con la mirada hacia otro lugar, me parecía molesto y muy absurdo, lo que había hecho Tom me había provocado un poco de miedo. Pero ¿qué había de ésto que me estaba sucediendo? Él estaba a pocos centímetros de mi rostro y deseaba prestarle atención, a pesar de estar molesto por el incidente anterior. ¿Acaso me estaba dejándo convencer por una idea equivocada de mi mente? Simplemente me tenía tentado, a mirarlo, a ir más allá.
Era como estar en un paraiso prohibido donde sus labios eran aquella manzana seductora que me invitaba a saborear.

-Y .. Perdón.-


Contestó terminando de hablar, en lo que casi no escuché la mitad de lo que decía y miró hacia abajo tal vez culpable de lo que hizo. Le tome del rostro mirándolo como si estuviese a punto de cometer una locura. En cuanto acerqué mi rostro a el suyo sentí cierta necesidad de tocarlos ligeramente con los míos. Un ligero y rápido roce provocó que Tom me empujara lejos de su alcance y me golpeara el trasero con el suelo.


-¿¡Qué crees que estás haciendo?-

Dijo enfadándose. Limpió enérgicamente sus labios con la playera que llevaba puesta. Mis mejillas estaban rojas ante aquel suceso y no quería mirarlo tanto, ya que descubriría lo que me estaba sucediendo. ¿Acaso era normal? Si tan sólo pudiese averiguar y diferenciar lo que estaba bien de lo que estaba mal, me haría mucha falta para poder saber que lo que estaba haciendo no era una locura. Tom me miró y negó con la cabeza ignorando todo lo que había sucedido y se marchó dando un portazo.
Aquel roce me había provocado un fuerte escalofríos  en todo mi cuerpo, ése tipo de corriente eléctrica que sentí por sólo besarlo débilmente me dejó helado. Nunca hubiera pensado ni imaginado que podría besar a mi propio hermano gemelo. Sólo era cuestión de esperar a que se aclare mi mente. ¿Porqué debía esperar? Quizás Tom no entendía, quizás estaba confundido.
Éso estaba por verse.


...




La alarma había sonado insistentemente, debía concurrir al colegio de todas formas si es que quería ser algo para mi futuro. Me senté en la cama y respiré hondo tratando de ser totalmente positivo. Me metí al baño, y nuevamente era la pelea de todas las mañanas.
Le cerré la puerta en la cara automáticamente. Era el primer día de clases después de las vacaciones y estábamos discutiendo por tonterías con mi hermano. Había pasado una semana de lo acontecido y aún así era tema olvidado.

Una vez que estábamos en clase, una chica linda se acercó a Tom. Era la primera vez que me sentía molesto por ése tipo de cosas que parecían ser lo más normal del mundo.
Cuando había notado que él pasaba más tiempo con ella, no lo soporté más, al correr de los días, me sentía olvidado por Tom. 
Él tenia pintas de ganador pero no podía hacer nada que pudiera evitarlo, así que lo encaré una vez en la casa.  Cerré la puerta con llave una vez que sabía que mamá llegaría tarde de su trabajo. Me acerqué a Tom, y lo miré fijo.

-No me gusta que estés tanto tiempo con ella.-

Le hablé cruzado de brazos. Me sentía vulnerable a lo que dijera en ése preciso momento, así que inventé escusas para que no pensara lo contrario sobre mí.

-Yo.. los chicos me quieren pegar y..-

Fingí llorar.

-Ella es l-linda. Felicitaciones, hermano.-

Él me miró confundido. Cada que quería decir algo yo interrumpía, asi que ésta vez lo dejé hablar con total tranquilidad.


-¿y tú para cuando Bill?

Dijo en respuesta de lo que le había contestado.


-Se supone que tú eres el guapo del salón..-

Le dije sin siquiera pensar en las consecuencias de las palabras. Le había llamado guapo, y aquello me había avergonzado.


                                                     


                                                         ***


continuará...


Notas Finales:

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